
Os comunico que me he “dado de alta” mentalmente desde el viernes.
En el aeropuerto de A Coruña, y tras la insistencia de mi madre, solicité asistencia en aeropuerto…y desde entonces, me he vuelto adicto a la silla de ruedas. ¡Qué comodidad! En el Aeropuerto me recogieron, me pasaron el control sin hacerme vaciar los bolsillos y sin preguntarme de cuántos ml son los líquidos que llevo, me sentaron en un asiento sin nadie al lado (tres butacas para mí: pierna estirada), me subieron la bolsa de mano…Al llegar a Madrid me recogieron con otra silla, me transportaron la maleta, me la llevaron hasta la salida (cuando Javito me vio aparecer como la madre del Rey, casi vuelca…) y me llevaron al parking.
Ayer hemos ido a IKEA. Javito se ha apuntado a la idea y me ha pedido una silla de ruedas, que luego pretendía mangar, porque le ha encantado el sistema. En fin, durante el recorrido, aparte de utilizar la silla como carrito de la compra, tuvimos algunas diferencias, porque se pone muy nervioso de que busque puntos de apoyo en las estanterías y otras paredes, y avance por mi cuenta, de modo que cuando llegaba a buscarme me había desplazado varios metros. Y me rogó encarecidamente que me comportase como “un minusválido de verdad”…Lo pasamos estupendamente, y, por supuesto, compramos servilletas, velas…y alfombrilla de baño, el Kit IKEA típico.
Esta noche…a Palma de Mallorca, ¡con la ayuda de AENA!